Crust&Beer

De cómo me perdí en un mar de espuma.

Marina

Es curioso cómo funciona la memoria olfativa y gustativa de los seres humanos. Asociamos un olor/sabor a una experiencia y ya no nos abandona nunca. Contaba yo con 15 tiernos años cuando bajó por mi gaznate mi primera cerveza; una Xibeca tan helada como la mismísima Antartida, en una tarde de verano calurosa, en la obra (sí, a aquella edad ya se trabajaba en este país) después de descargar un camión de materiales. Aquel líquido que horas antes se me antojaba asqueroso me supo cómo la mejor de las ambrosías. Estuve bebiendo ese brebaje infernal durante un tiempo hasta que descubrí las bondades de mí, antaño, querida Voll-Damm la cual íbamos a tomar a la primera Cervecería/Salchichería con cara y ojos que montaron en mi población. Y no creáis que el camarero ponía pegas por la edad, no, si eras lo suficiente mayor para trabajar lo eras para beber, esa era la filosofía. Crecí en una época y en un país en los que el Soberano era cosa de hombres y fumar Marlboro te hacía el vaquero más cool al oeste del Besós o del Manzanares, que tanto daba.

Recuerdo con enorme cariño, y ahora los puristas se me tiraran encima, mi primera Guinness servida en pinta, como mandan los cánones. Después del tiempo pasado bebiendo cervezas, que desde ese mismo instante consideré insulsas, aquello me supo cómo debe saber el orín de diosas. Aquella primera pinta, conseguida en el Drugstore de Barcelona ante la mirada cómplice del barman, una mirada que parecía decir “no eres mayor de edad, lo sé, pero esta experiencia cambiará tu vida para siempre, así que no seré yo quien te la joda”. Esa pinta, amigos, fue mi primera Gran Cerveza y le guardo un rinconcito oculto en mi corazón, rinconcito al que acudo de tanto en tanto y sin remordimiento ninguno.

Foto de Guinnes Storehouse

Foto de Guinnes Storehouse

Algún tiempo después y con una mayoría de edad sobradamente cumplida, ya sin necesidad de ir portando una copia modificada del DNI por si las moscas, empezaron a caer en mis manos las primeras cervezas belgas, nada del otro mudo, alguna Leffe, Judas etc.. Poca cosa comparada con el amplio abanico cervecero del país en cuestión, pero que dejaba entrever un panorama ciertamente alentador. Recuerdo mañanas de domingo empleadas en compras de Comics en el antiguo mercado de Sant Antoni, mañanas domingueras que acababan en alguna cervecería próxima, si tenían cerveza de importación mejor que mejor. Y en esas mañanas descubrí lo que para mí fue el gran acontecimiento de aquella época; la cerveza Skaldis/Bush, una cerveza que se autoproclamaba como la cerveza más fuerte de Bélgica. Y redios que lo parecía, vaya que sí. Con sus 12º, entonces eran grados y no porcentajes, resulto una Strong Ale más que capaz de tumbarte a la tercera botella, no en vano se servía, y se sirve aun, en botella de 25 cl.

Unos años de sequía cervecil autoimpuesta, en aras de asumir una mayor educación enológica, me condujeron por caminos bordeados de barricas y sembrados de vides. Se ha de decir que el panorama cervecero en este país no era ni mucho menos el que hay hoy en día y o bien tirabas de importación, si sólo pretendías beber cerveza, o te preparabas para pasar la más pertinaz de la sed.

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Otros pocos años después bajo por mi gaznate la primera cerveza artesana, de proximidad y catalana (en realidad es francesa),  una Cap d’Ona Ambrée, probada en una feria de no recuerdo qué. Justo en ese mismo instante quedé irremisiblemente atrapado por la que es, para mí, el único brebaje que merece el calificativo de cerveza y no me refiero esta en concreto, ni a artesanas exclusivamente, el termino resulta algo ambiguo hoy día, me refiero a hacer una cerveza de calidad, poniendo todo el savoir fair y contando con el apoyo de los mejores ingredientes al alcance del elaborador.

Coleccion

Un par de viajes a Bélgica me confirmaron que era posible hacer las cosas de otra manera ¡si hasta en el más cutre de los bares disponían de carta de cervezas! y otra manera de afrontar la sed. Hoy día ¿afortunadamente? las ferias dedicadas a la cerveza son cada vez más numerosas, así como los comercios especializados en este tipo de bebida, los elaboradores brotan por doquier y yo he aprendido a hacer mi propia cerveza, para disfrute personal y de mis amigos. No obstante sigo echándome al gaznate cualquier novedad que se cruza en mi camino, siempre que la situación lo permita.

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Un gran viaje comienza con un pequeño paso, o eso dice un proverbio chino, y el mío no iba a ser menos. Queda en mí haber muchísimas cervezas catadas, no me atrevería a dar una cifra pero creedme… son muchas, de igual manera sé que me queda mucho por caminar, mucho por descubrir, mucho por beber y no dará el tiempo para todo, pero seguro que todo lo encontrado en este viaje será un hallazgo.

 Barril Guinness

Pd. No he vuelto a beber Xibeca desde hace mucho, muchísimo tiempo, pero sí continuo bebiendo Voll Damm, Epidor y Guiness y lo hago sin pudor, les tengo cariño y hace tiempo que estoy convencido que no hay cerveza realmente mala (si no está contaminada, claro), todo dependerá de la situación y el momento en que te la tomes.

3 pensamientos en “De cómo me perdí en un mar de espuma.

  1. Jose

    Si eres mayor para trabajar, lo eres para beber. 🙂 Y además ¡responsable de ambas cosas!. Sigh, algo se nos ha estado yendo por el camino :-/

    Saludos,

    Jose

  2. Jano Autor de la entrada

    Pues sí Jose, algo perdimos por el cámino. En un pais donde el alcohol está socializado creo, esta es solo mi opinión, que enseñar a la gente a beber es fundamental, necesario e incluso vital. No pretendo fomentar el consumo desmesurado, pero unas buenas directrices y bases ayudarian a evitar esos desmanes llamados botellón, eso adolescentes en coma etílico semana sí y semana también.

    1. Jose

      Los que ya tenemos una edad recordamos eso como algo natural. Cuando las chavales ya tenían una edad y, en reuniones familiares, se les permitía tomar una clara (muy, muy clara) o un toquecillo de vino con una montaña de gaseosa. El ir iniciándoles en un consumo adulto y responsable. El acompañar a los chavales en su camino hacia la madurez… Todo eso, se fue. 🙁

      Saludos,

      Jose

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